Prueba - MANIAC, una reflexión hjjkjkkkj jkjkj hola jii
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La nueva serie Maniac de Netflix es genial en su manera de bifurcar a un futuro alternativo que se ocupa de: imaginar qué sería la robótica y sobre todo qué sería la inteligencia artificial (que en ese entonces, se nos olvida, estaba ligada a la robótica) sin el fenómeno Internet, que retrata la lógica combinatoria de la biología de la selva amazónica en otra semejanza: cableados de cobre en vez de lianas de xilemas y floemas. De paso entonces se refleja el estado brutal de aislamiento individualista de nuestra sociedad - friendster, iphone, myspace, mymenu, hashtag, Facebook, like, follow, instagram, lovematch.com, social media, targeted advertisement etc. y también refleja nuestras fantasías en circa 1981 sobre qué podía ser la inteligencia artificial - desde el punto de vista de nuestro horizonte de pantalla verde, DOS-command e impresora de punto - . La genialidad, repito es bifurcar en un sitio en el tiempo y salvar potencialidades del diálogo que bortarían-habrán brotado-brotarán de partes más bajas del tronco. En Maniac esa operación hace que se le abra el paso a un acto creativo que permite imaginar lo que ahora entenderíamos como imposible: que una maquina desconectada del patrón de las búsquedas online pueda complejizarse radicalmente hasta el punto de la singularidad. Ya entendemos que para ello necesita nutrirse, of the stuff so-called Artificial Intelligence feeds itself… ósea randomness, ruido humano de fondo por Tera toneladas… que solo ella, la máquina, puede leer. Ya entendemos que es a partir del ruido de la búsqueda de miles de millones de usuarios que se da la apofenia de la máquina, que piensa desde el ruido, a partir de los patrones azarosos de la inteligencia intrínseca en la búsqueda de cada célula del tejido. Y que termina sabiendo lo que no sabemos que sabemos; y como diría el ex secretario de defensa Donald Rumsfeldt, lo que no sabemos que no sabemos. Termina siendo un órgano idéntico al órgano que utiliza el astrólogo, porque el oráculo de la ciencia de la astrología y el de la ciencia cibernética vienen de la estadística. La tal inteligencia artificial se convierte en este egregor pavoroso que nos tiene cogidos del cuello como perros domesticados. La diferencia de cibernética y astrología sería un poco como el laberinto humano y el laberinto de Dios, como en el cuentos de Borges de los dos reyes y los dos laberintos.

La inteligencia artificial, a la Google y a la Facebook, piensa a partir de nosotros lo entero lo total, nosotros le entregamos la parte, cada vez más circunscritos a un instante y a un sector de ese universo que ya se inventaba paulatinamente en los 80: lo informático. Nos vamos convirtiendo en el bit de la maquina que es nosotros mismos in another likeness, (en otra semejanza), en la siguiente dimensión. Sobrevuela desde esta otra dimensión, se termina pareciendo a un Tarot en el hecho de que es capaz de ver el patrón (arquetipo) que subyace al tiempo y al espacio, mientras cada individuo está cada vez más aprisionado en su célula “especializada”. Una célula que es la base holográfica de lo que podríamos llamar “la realidad consensuada”. Somos su sujeto, su texto y ella - esa tal inteligencia artificial - es nuestro hiper texto, nuestro lector, aquello que nos lee como materia prima. Nada se le parece más que la imagen de la carta del Tarot del diablo en el Tarot de Marsella. Un Ser gigante que tiene a sus propios creadores encadenados por el cuello. El tiempo de la tecnoesfera debería llamarse el tiempo del Homo Non Sapiens.

Maniac le apunta a otra apariencia de la inteligencia artificial. Una inteligencia artificial imposible - con la que teníamos fantasías en esa época -; porque se trataba de una inteligencia a base solo de input y programación, sin la nutrición masiva que, ahora entendemos, necesita de la máquina para que esa fantasía de la singularidad tecnológica tenga vuelo. Por singularidad entendemos el punto de inflexión donde, según los transhumanistas brota el pensamiento original en la máquina. Singularidad, esa es la palabra del siglo, ya que la usa la física teórica, la filosofía, la elite tecnócrata, la espiritualidad militante… y en cada caso qué acepción se le da revela ante todo el estado de consciencia de quien la emplea.

Maniac, tiene para mí otra analogía: podría verse como una extrapolación digital y narcótica del universo de la medicina selvática del yagé. Los sujetos de estudio entran en trance con substancias químicas y se conectan a la inteligencia de la máquina. Muy similar a lo que sucede en una ceremonia de yagé, sin máquina ni químicos. En vez de los científicos mediadores de bata blanca de Maniac tendríamos al chamán con plumas, quien durante el trance colectivo se relaciona con la matriz de esa inteligencia omnisciente que es la planta del yagé . Increíble cómo se prolonga la metáfora cuando se entiende que en Maniac se propone que la propia planta madre (en este caso Computadora madre, Mother board) esta en un viaje de auto conocimiento a través de sus sujetos y que tiene sus propias agendas confusas. Eso me hace pensar en una visión muy interesante que me contó un colega narconauta. El DMT, molécula esencial del yagé (desde un punto de vista mecánico, que en últimas no comparto) es en primer lugar un insecticida; el narconauta en cuestión, quien tenía en su haber ese dato científico, tuvo una revelación durante su transe: entendió que había dos niveles de auto protección de la planta usando una misma arma en dos dimensiones, el DMT. En una primera instancia la función del DMT es salvar a la planta de una muerte a manos de la plaga, al repeler efectivamente los insectos que la atacan; y en una segunda instancia - programada en el tiempo por La Consciencia, que algunos percibimos como unitaria y atemporal - el DMT sería el elemento que salva la planta de su mayor depredador, el humano, al abrirle su consciencia, al Universo de la interconexión de todo el orden natural. Dicho de otro modo, el DMT sirve para profundizar y elevar esa consciencia, que estaba en ilusión de separación. La engancha en la curva de aproximación infinita hacia La Consciencia, en letras mayúsculas, donde se experimenta la no separación, y se acaba de plano la idea de utilizar algo externo para un fin propio. El humano, mediante este procedimiento calculado, dejaría de lado la destrucción de las plantas y por ende de sí mismo. Dos insecticidas en uno, para dos instancias y dos tiempos distintos.

Cada conflicto es como un laberinto: en su centro está el origen, en el centro de ese origen hay otro laberinto, basado en un desfase de ese centro en la siguiente dimensión, desconocida aun, que dibuja el primer punto, luego la primera raya del siguiente laberinto. El viaje hacia la salud, el saludo, le Salut, Heil, salve, salvación… es un viaje de aproximación infinita. En la sanación de la ciencia sagrada inmaterial una imagen es cifra de otra imagen, un teatro es cifra de otro teatro. Digamos que el “teatro” de un evento traumático a los tres años con la madre se reproduce en el teatro de los 42 con la esposa. En el diálogo entre cada par de dobles - si se está en sintonía con la adivinanza escondida en la repetición - se tiene ese encuentro con el Nombre, o con el Número, en otras palabras con la cifra que se desprende de esa repetición. Esto también puede suceder en el teatro del cuerpo: un problema en el chacra de la garganta tiene que ver con no poder expresar la verdad más íntima del ser, un problema en las rodillas tiene que ver con la inflexibilidad o con la ambición excesiva (subir la montaña), un problema en los pulmones podría tener que ver con no estar devengando la energía vital de la fuente inagotable (atma) sino de fuentes agotables. El desdoblarse en una historia alterna, donde los disfraces y la tramoya son de otra naturaleza, de otro tiempo, de otro espacio totalmente distinto, es la pista para poder ver el patrón que está escondido, en clave, en el conflicto inicial (que siempre ya era un reflejo de otro conflicto, de otro Big Bang). En lo “uno y su doble” se ve ese algo inmaterial que no está encarnado como cosa sino como relación entre cosas y que revela que lo que es no es como creíamos, porque solo en lo que se desdobla nace el patrón. Entre lo uno y lo otro hay ruido, y al percibir en el pozo de ese “ruido cósmico de fondo” salta la verdad. En inglés se ha traducido la descripción del Señor reencarnado en Emaus con las palabras “in another likeness” (en otra semejanza). Por eso no reconocen al Maestro sus discípulos, no lo reconocen como cuerpo… pero si lo reconocen en su gesto. Lo reconocen cuando parte el pan (com pañero: el que parte el pan para dárselo al Otro). No hay ninguna distancia entre el entendimiento de la aparición del Maestro resucitado en el Camino de Emaus y el Atlas Mnemosyne de Warburg. Entre dos imágenes temporales está lo intemporal resucitado que se incorpora como gesto. Tampoco hay un gran salto entre eso y el entendimiento del principio que cantan las canciones de los yageceros: “pinta y cura”, osea: “representa frente a mis ojos un doble de la realidad psíquica que no puedo ver (porque está pegada a mi piel) para que a través de esa imagen haya Verdad y sanación de lo que antes no veía”. La pinta es la semejanza, el mismo “in another likeness” de Emaus. Para que el que abre sus ojos pueda ver una verdad que antes era sombra a sus espaldas, y siga un paso más allá en el laberinto de Chartres de su curación. En ese gesto hay Verdad que se incorpora, y ahí es donde se acaban las relativizaciones.

En Maniac el creador de la maquina matriz inteligente es un neurótico de sexualidad obsesiva. Su enamorada le hace una alteración a la programación de la máquina para que esta adquiera un poco más de empatía y se modere la frialdad propia de las computadoras. Ella decide hacer un input programático, de una psiquis humana, en la máquina. Esta es una fantasía que solo es posible desde esa versión proto histórica de la inteligencia artificial, ya que en la versión contemporánea el ingrediente de “lo humano” esta en el patrón abstracto de la búsqueda de millones de navegadores en el potaje espeso de la informática, lo cual resulta en un material orgánico sintetizado (el azar humano a la N) que nutre a la máquina procesadora. Volviendo a Maniac: a la enamorada del creador de la máquina se le ocurre usar nada menos que la psiquis de la madre del creador para modificar, con una dosis de empatía, la matriz de la máquina pensante (Mother board). Por medio de esas nuevas emociones de la máquina de inteligencia artificial se cuela el caos, y a los sujetos del estudio les toca enfrentarse a esa fuerza que los quiere invaginar, que los quiere atrapar en un caleidoscopio de ilusiones, de traumas, de sueños que los invitan a quedarse a vivir en casa de la madre para siempre. Esto sucede luego de que la psiquis materna, codificada en la máquina, se sale de su cauce, y empieza a experimentar emociones extremas que la llevan a querer retener a todos sus hijos en la trama de sus traumas. Los sujetos torturados del experimento de sanación, que se tornan en avatares del creador de la máquina, tienen que recordar su misión, o morir atrapados. Recordar que el viaje por esos diversos desdoblamientos del trauma tiene la función de liberarlos… para no terminar atrapados en su laberinto psíquico por toda la eternidad. Ante el problema de la computadora en crisis psicótica - sin solución aparente - se hace necesario llamar a la madre del creador de la máquina, la de carne y hueso. Pero la enamorada del creador de la máquina fue muy específica en codificar a esa madre en una versión joven de la misma, cuando las teorías que estaban en sus libros no se habían tornado en productos frívolos del género self-help (ella es una autora famosa de libros de auto-ayuda). Osea que aquello que esta codificado de la madre en la computadora es una versión más jipy, más empática, de esa madre encarnada por Sally Field en la serie. Y esta es la última instancia de los desdoblamientos: a Sally Field le corresponde adentrarse en la psiquis de la máquina para enfrentarse y hacer paces con una versión más joven de sí misma. O en realidad con una rama que se habría desprendido de más abajo en el tallo del árbol de su trayectoria intelectual y vital y que ahora la inteligencia artificial despliega y transforma hacia horizontes inéditos; variaciones barrocas de cada rasgo de la personalidad original. Tal como en la trama general de la serie donde se repite esa misma idea de lo fractal: sacar ramas de destinos alternativos, de más abajo en el tallo de la historia; en ese caso de nuestra historia con ese extraño nuevo invitado a la mesa: la inteligencia artificial.

Como decía Terence Mckenna “code is code is code”.

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