Después de una conversación con Bruno Mazzoldi
2018

Una conversación que surge de estar sentado a la mesa en un restaurante en Bogota con Bruno Mazzoldi y Claudia Salamanca.

Definirse por lo que no se es, como Dylan cuando dice “when I say I’m loving you, not for what you are but what you’re not” (o San Juan de la Cruz: “cuando no quiero nada tener, téngolo todo sin querer”). A mí me interesa que hablemos - en esto del tema trabajo, y en la tangente eterna del conocimiento - de una frase de Robert Filiou, “no talent, only genius”. Ayer almorzaba con Bruno Mazzoldi y Claudia Salamanca y otros, y al final de un almuerzo memorable me preguntó que cómo definiría yo el genio. Cité el pasaje de los diálogos de Sábato y Borges donde Borges dice que tal autor podría corregir a Cervantes, pero nunca podría ser Cervantes. Cité a Filiou y a San Juan, pero también a Allah Djinn, el genio de Allah, que mientras esta contenido en la lámpara no está en juego de ningún modo, y que cuando sale de la lámpara llena cada recoveco de la habitación. Porque en esa parábola espiritual enmascarada como cuento de niños, se hace viva la metáfora de que Allah es el olor del perfume. No el perfume, sino su olor, no la uva sino lo que la hace redonda y llena, no el vino, sino la embriaguez, la que lleva por el camino de la inconsciencia a la consciencia, por el im-pouvoir al pouvoir, por el des-oeuvrement a la Obra, la que no vino del sujeto (que ya no tiene nombre ni talento propio - talento siendo un peso, o etimológicamente el plato donde se pesa un elemento para cuantificar su valor con respecto a algo-) sino que vino del que se re bautiza con el Nombre que ya no es nombre de individuo. El personaje central de la obra es un hombre que se llama “Genio de Allah”, ósea un hombre sin nombre sino solo El Nombre (nombre en francés es cifra también, el Nombre de Dios quiere decir también la cifra de Dios, el laberinto de números de lo que Es en no ser nada y que tiene un Orden que abarca y excluye todos los ordenes). He ahí la perfecta elucidación de lo que le sucede a una historia cuando pasa por el manoseo de los impíos, de Hollywood, y he aquí el porqué la filología, y la etimología nos tienden una cuerda que aun está anclada en origen (la última fuente en el fractal de fuentes infinitas) cuando el río muerto del olvido ya esta por declararnos ahogados. De Allah Djinn a Aladino como nombre propio esta clara esa historia.

El tema de “de dónde se vino” para llegar a una idea se volvió central ayer. En dicho almuerzo estaba Mazzoldi preguntándose, como perdido en el laberinto de los paréntesis, donde yo me suelo perder, cómo habíamos llegado a un tema X. Lanzándose de espalda, como él suele hacer con sus oyentes, como un performador azuzado, para que lo reciban los brazos del público. Así todos los que lo oyen están atentos a colaborar en salvar un hilo de pensamiento, y la atención crece. En algún momento retornó la palabra “genio” con respecto a sus ejercicios acrobáticos en los riscos de la amnesia y pude sacar rápidamente del bolsillo una variación de un graffiti de las calles de Montevideo sobre la marihuana, transformado: “la genialidad produce amnesia y otras cosas que no recuerdo.”

Yo decía que cuando se llega a algo a lo que realmente se tenía que llegar, sea obra, sea tema general de una conversación activada por el genio, entonces se llega sin que hubiera otra posibilidad. Y al trazar el origen de la idea a la que se llegó nos percatamos que hubo muchas avenidas que llevaron al lugar. El tema de la polarización en mi trabajo, que justo esta empezando ahora es un caso así. Viene de un sueño donde se me señala el nombre L.P. Rosen en un libro con él dedo índice, o viene de un concepto de los Yanomami sobre sacar a los espíritus del subsuelo cuando se extrae el petróleo, o viene de vivir la vida en relación al ruido mediante el que se vive la experiencia apofénica, o de una fascinación de niño con el tornasolado de la gasolina, o de un método de navegación tanto de los Vikingos como de los escarabajos, o de la novela Contact de Carl Sagan y sus múltiples pistas sobre el momento en que los desarrollos de punta en astronomía tornarían la cosmología en una ciencia exacta (imágenes del último Big Bang a partir de la lectura del ruido cósmico de fondo, por radiotelescopios); o de querer ir al límite de la percepción, que es parte de la universidad que he cursado con Jacobo Grinberg en México o con la medicina del Yagé en el bajo Putumayo. Esa universidad es la que plantea la pregunta sobre cómo se forman las imágenes y los objetos en nuestra consciencia. Todas las avenidas conducían.

Anteayer al hacer la recopilación todo llevaba al tema del culo (“el culo no es un tema”, diría el Bufón que le replico al Rey “el Rey no es un sujeto”, cuando Este le pidió que hiciera un chiste sobre El). De una observación de Mazzoldi sobre un cuadro de Caballero, a un preview de mi ensayo en video - eternamente inacabado, sobre San Pablo - donde mi maestro en la medicina chamánica el Taita Isaias, estando adolescente, tiene un encuentro con “Nuestro Señor” mientras esta acuclillado cagando, al tiempo que su padre está siendo azotado por los capuchinos por no ir a misa. De ese tema paulino - en el que la relación con Pasolini es obvia porque es el autor de un libreto fascinante llamado San Paolo - viajamos a otro texto de Pasolini que metaforiza el acto de cagar como el acto de dar a luz. Por el raudal del tema paulino adentrándonos en el tema del culo. Y al final el culo qué es? La cara B, lo escatológico, la víscera oracular de Delfos, el compost, el ruido, el compuesto orgánico putrefacto por donde necesariamente sale el genio de Allah de nuevo, porque de ahí, de lo podrido y abyecto se cosecha lo Nuevo. No es por el capuchino que obliga al indígena a postrarse en penitencia frente al crucifijo de oro - ni por su látigo de cuero que se llega - sino por la purga del hijo de ese mismo indígena, quien al beber la poción chamánica, la misma que habían demonizado los curas, tiene un encuentro con el Maestro. Un encuentro como el de San Pablo. Y contemporáneamente, ese lado B coincidiría, en el mundo digital con el lugar donde se cuela lo abyecto: el glitch, el virus, la lombriz y el hack.

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